BEIJING, 5 abr (Xinhua) -- Washington, al imponer unilateralmente los llamados "aranceles recíprocos", ha socavado el espíritu del sistema multilateral de comercio basado en reglas y ha contribuido a las crecientes tensiones en el comercio global.
La advertencia del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, a los socios comerciales del país de "hacer algo temerario sería imprudente" fue quizás el momento más revelador de todos.
La afirmación puso al descubierto la creencia perdurable de Washington en su propia supremacía indiscutible, un engaño cada vez más fuera de lugar con un mundo multipolar.
Para la comunidad internacional, defender la autoridad de la Organización Mundial del Comercio (OMC) se ha convertido en un imperativo urgente.
A pesar del sabotaje sostenido de EE. UU., el sistema multilateral de comercio sigue siendo la columna vertebral del comercio global, observando alrededor del 98 por ciento del comercio internacional de mercancías.
No obstante, su supervivencia está lejos de estar garantizada.
Durante años, Washington ha trabajado para socavar el mecanismo de solución de diferencias de la OMC, en particular al bloquear el nombramiento de nuevos jueces para su tribunal de apelaciones, lo que ha paralizado gravemente la capacidad del tribunal para hacer cumplir las normas comerciales.
Restaurar el pleno funcionamiento de la OMC ya no es una cuestión de reforma burocrática, es urgente preservar un comercio mundial abierto y regido por reglas.
La última ofensiva arancelaria de Washington ha golpeado más duramente a las naciones del Sur Global, exponiendo su profunda ansiedad sobre un mundo que se está desplazando hacia la multipolaridad.
Washington ha justificado durante mucho tiempo su dominio económico bajo el disfraz de liderazgo global, pero a medida que las economías emergentes se fortalecen, el control de EE. UU. sobre el orden económico global se debilita. En lugar de adaptarse a esta nueva realidad, ha elegido atacar, erigiendo barreras en un intento desesperado por mantener su influencia que se desvanece.
La ironía es que el comercio global nunca fue concebido para ser un juego de suma cero.
Desde el inicio del sistema multilateral, su estructura se adaptó a las brechas de desarrollo, lo que permitió a las economías emergentes utilizar aranceles más altos para fomentar las industrias, mientras que las economías avanzadas se beneficiarían de menores barreras comerciales que promueven la eficiencia y la competencia.
Washington alguna vez defendió este sistema, reconociendo que el crecimiento global sostenible en última instancia beneficiaba a todos. Ahora, en su búsqueda de una hegemonía descontrolada, parece dispuesto a destruirlo todo.
Ni siquiera los aliados tradicionales se han salvado. La UE, Japón y la República de Corea se encuentran ahora directamente en el punto de mira de los llamados "aranceles recíprocos".
El mensaje de Washington es claro: las alianzas son transaccionales y la lealtad no es inmune a la agresión económica.
La comunidad internacional no puede darse el lujo de apaciguar a Washington. Restaurar los mecanismos de resolución de controversias de la OMC, acelerar las reformas institucionales y reforzar la cooperación multilateral son cruciales para contrarrestar la coerción unilateral de Washington.
Solo a través de la solidaridad puede el mundo retroceder contra la bola de demolición del llamado "excepcionalismo estadounidense" y salvaguardar un sistema que ha sostenido décadas de prosperidad global.